Nailo es una app. Tu cliente sube ahí el plan que tú le has hecho —dieta, entrenamiento y hábitos— y la app lo convierte en su lista de tareas de cada día, con un aviso a la hora de cada comida y de cada entreno.
Tú sigues haciendo tus planes exactamente igual que ahora. Nailo solo se encarga de que se cumplan.
👆 Esta pantalla de arriba es de verdad: toca las tarjetas. Es lo que tu cliente ve al abrir la app cada mañana.
Bien, bien.
Con eso tienes que ajustarle la dieta para la semana siguiente.
Así que preguntas otra vez. Y él contesta de memoria.
Y la memoria, cuando te tiene delante, es muy generosa.
Un archivo hay que buscarlo, abrirlo, entenderlo y acordarse de él. Cuatro pasos antes de desayunar. Nadie aguanta eso doce semanas seguidas.
Lo que sí hace la gente, todos los días, sin que nadie se lo mande, es abrir el móvil y no querer perder su racha.
Nailo va de eso: de meter tu plan justo ahí, en el sitio que ya abre cien veces al día.
| Comida 1 — avena, claras, arándanos | 08:00 |
| Comida 2 — yogur, nueces | 11:30 |
| Comida 3 — pollo, arroz, verdura | 14:00 |
| Comida 4 — atún, tortitas de arroz | 17:30 |
| Comida 5 — salmón, ensalada | 21:00 |
Tu trabajo de dos horas. Aquí es donde muere.
Estos tres pasos los hace tu cliente en su móvil, una única vez al empezar. Puede hacerlos contigo delante en la primera sesión. Después ya no vuelve a abrir un PDF.
Los tres documentos que tú le das: nutrición, entrenamiento y hábitos. Vale cualquier formato: Word, PDF, Excel, CSV o texto pegado. La app los lee, saca las comidas y los ejercicios, y se los muestra a tu cliente para que confirme que están bien antes de seguir. Si algo se ha leído mal, se corrige a mano ahí mismo. Y si solo quieres usar uno de los tres planes, también vale.
A qué hora hace cada comida. Qué días de la semana entrena y a qué hora. La app le avisa a esas horas exactas, así que ya no eres tú el que tiene que recordarle nada. Si le cambia el turno de trabajo, lo cambia él en dos toques.
Marca cada comida, cada ejercicio y cada hábito conforme los hace. Cada cosa cumplida le da puntos (XP) y gemas; el día completo le da un extra. Si se salta algo, pierde una vida y rompe su racha. Ahí está el truco: no es una lista de tareas más, es una racha de días que no quiere perder.
Tu cliente llega a la sesión con todo esto ya recogido dentro de la app, y te lo enseña desde su móvil. Tú ajustas el plan con lo que ha pasado de verdad, no con lo que él recuerda.
Las cifras y las respuestas de estas cuatro tarjetas son un ejemplo, para que veas la pinta que tienen.
Todos los domingos la app le hace las mismas 9 preguntas sobre nutrición, entrenamiento y descanso. Las contesta escribiendo o grabando un audio, y quedan guardadas por semanas. Si la deja a medias, pierde una vida: por eso casi nunca la deja a medias.
Al marcar una comida puede hacerle una foto, y al acabar una serie puede grabarse. Todo se guarda ordenado en su galería y se puede buscar por nombre. Así ves lo que come de verdad y cómo mueve el peso de verdad, sin fiarte del «sí, bajaba hasta el pecho».
Cada vez que se graba una serie, se pone una nota del 1 al 10 a su propia técnica. La app hace la media de la semana y se la pide en la revisión del domingo. Tú tienes los vídeos al lado para comprobar si esa nota es justa, y decidir si toca subir carga o corregir el movimiento.
Cada día queda registrado con lo que cumplió y lo que no: comidas, entrenos, hábitos, vidas perdidas y días completos. En vez de un «he cumplido casi todo», ves que el fallo fue el jueves y en qué comida exactamente.
Los días seguidos que lo ha cumplido todo. Cuando lleva 12, no quiere ser el que rompe el 12. Es el motor de todo lo demás.
Empieza con 5. Pierde una cada vez que se salta una comida o un entreno. Si se queda a cero, deja de sumar puntos hasta recuperarlas.
La moneda que gana cumpliendo. Son pocas a propósito, y las gasta en cosas como salvar una vida o congelar la racha un día.
Cada semana entra en una clasificación por puntos, de Liga Principiante a Liga Mr. Olympia. Si acaba arriba sube de liga; si acaba abajo, baja.
No es decoración infantil. Es la diferencia entre un plan que se cumple el martes y un plan que todavía se cumple el día 47.
Tu cliente lleva todo en su móvil: planes, fotos, vídeos, revisiones. Y cuando te lo comparte —una vez, sin complicaciones— tú tienes acceso 24/7 a su progreso.
No esperas a la sesión. No le pides por WhatsApp que te mande el peso. Ves lo que hace, ves cómo responde, y ajustas cada detalle antes de que se convierta en un problema. No es que controles sus datos; es que, por primera vez, entrenas con la información que necesitas en el momento que la necesitas.
Cómo empezar
Abre Nailo, mete uno de tus planes como si fueras tu cliente y mira cómo queda convertido en su día de mañana. Cinco minutos. Si no te convence, lo cierras y no ha pasado nada.
Abrir Nailo y probar un planSe abre en el navegador del móvil y se puede instalar en la pantalla de inicio. No hay que registrarse.
P. D. — Nailo no va a conseguir que a tu cliente le guste el brócoli. Va a conseguir que a las nueve de la noche se acuerde de que lleva doce días seguidos sin fallar y no quiera romperlos. Y eso funciona bastante mejor que un recordatorio tuyo por WhatsApp.